Morir de amor no es que te duela algo imposible cuando te deja para irse a casa, ni el sabor a tristeza que te sube por la garganta… morir de amor no es que te mire como miran unos ojos negros y no poder mirarla, ni tampoco es morir de amor volverse para ver como se marcha… no es sentir que no eres nada cuando llegas a la escuela y ella no está… ni cuándo alguien te dice que hoy no vendrá.
No es morir de amor que tus ojos respiren en su cara, ni tampoco tener que olvidarla cada segundo, ni tener que recordarla… no es echarla de menos, ni soñarla. Tampoco creo yo que sea, ser feliz a su lado, en silencio, mientras descansa. No, nada de eso.
Morir de amor es que alguien me arrojase aquí para encontrarla… sin saber cómo es… si vive aquí o en una tierra lejana… sin saber si ya se fue o si tengo que esperarla… Morir de amor es, no saber cómo serán sus ojos… ni su boca, ni su pelo, ni sus manos… Morir de amor es no saber quién es y tener, a pesar de todo, que encontrarla.

