Mi dulce niña. Tu nombre suena en mis sueños como una ola nocturna… también de noche rompen las olas y quizás sean las más bonitas; sin embargo, alguien barajó las cartas del destino para que ellas bailen en la oscuridad… cuando nadie las ve… a las personas quizás les pase lo mismo… en pleno invierno… en medio de ese silencio.
También las olas nocturnas son parte del beso eterno del mar que acaba rompiendo el corazón de la roca… a veces, creemos que las cosas siguen siendo igual cuando nos vamos.
¿Seguirán sonriendo las fotos en el oscuro destierro del cajón?… ¿Seguirán las estatuas mirando al mismo punto cuando nadie las espía… de madrugada?… ¿Seguirán los besos sonando en una especie de eco infinito? ¿los escucharíamos si todos, hasta las olas nocturnas, guardásemos silencio?… ¿Seguirá en algún lugar arrinconado el perfume que te acompañaba aquella tarde?… ¿aquel calor de tu cuerpo que era tan real?…¿esa luz triste de tus ojos que estaba allí… al alcance de mis ojos?… ¿podría yo pararlo todo para morder de nuevo esos besos, que nunca te di, de tus labios borrosos?
No sé si las cosas siguen igual cuando nos vamos… pero en algún lugar están… aunque sea en silencio, tristes, quietas o de otra forma distinta a cuando las vimos por última vez.
En ese lugar y de algún modo… estará el amor.

