Escribo esto con mucha sorpresa después de leer un artículo en National Geopraphic, en la edición en inglés, que dice que “Las cebras tienen rayas para confundir a los leones y para protegerse de los tábanos”. No hace mucho en La 2 de TVE, en los documentales que muchos utilizan como somnífero, un insecto hoja burlaba a los pájaros por ese motivo, por confundirse con las hojas y un conejo blanco sobrevivía en el Artico por “adaptarse siendo de ese color”
Cuando Darwin, después de pegarse un viaje del copón por todo el mundo en el Beagle para dibujar bicho y le picasen algunos, formuló la Ley de la selección natural y escribió “El origen de las especies” jamás pensó que más de 130 años después de su muerte aún no le entenderían ni los que hacen documentales sobre animales o escriben artículos en revistas científicas.
En USA, en algunos ámbitos académicos, Darwin sigue siendo como “nombrar a la bicha”… cada vez menos, afortunadamente, pero en algunos entornos muy influyentes y de los que salen grandes dirigentes, la selección natural sigue siendo vetada “gracias a Dios” es decir, precisamente por la religión y las connotaciones que la selección natural tiene contra una teoría creacionista. El ser humano no es nada especial, no es una joya en el universo, una obra maestra de un Dios sino, una mera casualidad, el fruto de una adaptación que podría haber sido de otro modo tanto físicamente como en otros aspectos. Ni quiero meterme en otras religiones y lo que significaría Darwin para ellas o lo que significaría para mí escribir esto sobre Darwin si esas religiones nos gobernasen… nunca mejor dicho.
El insecto hoja no se parece a una hoja para sobrevivir a los pájaros… es por parecerse a una hoja por lo que sobrevive a los pájaros y la cebra no tiene rayas para confundir a los leones o librarse de los tábanos sino que es por tener rayas por lo que consigue estas cosas.
El insecto hoja no se parece a una hoja para sobrevivir a los pájaros… es por parecerse a una hoja por lo que sobrevive a los pájaros
En todas las especies, de vez en cuando se dan mutaciones genéticas aleatorias y nacen ejemplares con esas mutaciones que los hacen más o menos adaptados al medio en el que viven. El conejo blanco no adopta ese color para camuflarse con la nieve. Si por una mutación, que no es más que un producto del azar, nace un conejo blanco y resulta que el pobre nace en Ciudad Real, pues resulta que tendrá una vida corta y complicada. No durará ni un asalto. Pero si resulta que esa mutación hace que ese conejo nazca blanco en el Artico, los búhos y otros depredadores le ven menos que al marroncito y este conejo blanco tiene más oportunidades de sobrevivir… Y si sobrevive más tiempo, más tiempo tiene para procrear y tener descendencia y propagar esos genes de pelo blanco. De cada camada de este conejo blanco nacerán algunos gazapos blancos y si el otro progenitor era marrón algunos serán marrones. Es cuestión de tiempo, que los conejos blancos vayan siendo más que los marrones y que al final todos los conejos sean blanquitos y tiernos. Además, incluso en los animales, resulta que los rasgos diferenciadores hacen que en los individuos diferentes aumente la frecuencia de apareamientos, que es el mismo fenómeno por el que un chaval feote de Fuenlabrada, se pone la botas en Suecia (aunque ya cada vez menos por aquello de la globalización y porque hay más gente de todos sitios en todos los sitios y nuestro amigo tiene más competencia… no porque las suecas hayan dejado de sentirse más atraídas por los morenos de ojos marrones que por los guapos suecos… que tienen mucho éxito en Fuenlabrada)
En fin, que quizás, la mejor manera de entender la selección natural sea con una frase genial de un colega psicólogo inglés que decía:
“Si vas de paseo con un amigo y aparece un oso, no tienes que correr más que el oso… sólo más que tu amigo”
