He inventado algo para seguir juntos cuando estemos lejos.

En las noches de verano, cuando la luna brille como brillan los sueños de un niño, quedamos tú y yo en mirarla al mismo tiempo cada vez que esté llena… y así se encontrarán nuestros ojos mirando al mismo sitio en el mismo instante y, de algún modo, nos estaremos mirando a los ojos aunque tú y yo no lo sepamos. Quizás sintamos un escalofrío y entonces sabremos… que ha ocurrido, que es verdad, que existe algo que los adultos aún no han explicado.

¿Quién sabe si no es ese el motivo por el que nos sentimos bien a veces sin saber por qué? Quizás la luna nos devuelva la mirada… quizás en otro lugar del mundo, alguien que sueña contigo sin saber quién eres, o alguien que te recuerda, ha mirado a la luna al mismo tiempo que tú y vuestros ojos se han encontrado.