Hay momentos en los que los niños son lo que quieren ser y, por un instante, Dios deja de ser un abrazo de sus madres. En el duermevela. Cuando no estás ni dormido ni despierto, cuando los niños son los dueños de sus sueños.
Hoy la he visto venir hacia la escuela, yo la esperaba… yo era un chiquillo vestido de luna. En el duermevela… cuando los mayores ven las cosas como cuando fueron niños. Ella se ha acercado a mí y he sujetado sus suspiros con mis labios. Ella… ella era tan bonita que hasta dolía mirarla. En el duermevela… cuando los niños son sus propios héroes, la he besado en los labios y he descubierto que, después de ese beso que no he dado, jamás será lo mismo dar un beso. Ella ha sonreído. En el duermevela… he enredado el calor de su espalda entre mis manos, lo he agarrado como se quiere agarrar el agua.
Después he despertado. He ido a la escuela. La he visto venir hacia mí. Yo la esperaba, como siempre. Y al pasar por mi lado, la he saludado, como siempre, con un triste “Buenos días” … y las manos aún cerradas.

