Verás. Voy a decirle un día a esa niña que nos vamos a ir por todo el mundo con el único propósito de darnos un beso en cada lugar que aparece en un mapa que tengo en el que esta piedra redonda no es más que un papel gastado. El mundo es un lugar pequeño si lo vemos juntos y nos besamos en todos sus rincones.
Después, pondré una marca blanca en cada sitio de ese mapa en el que nuestros labios se hayan rozado. Haré fotos para que la memoria no sea un simple borrón tras una niebla de días y escribiré “Te quiero” debajo de cada una en la lengua que hablen en ese sitio.
Y, como no hay nada fácil en la vida de los adultos y sé que vendrán días de mayores, cuando eso pase, miraré mi mapa de “Te quieros” y sonreiré pensando: “Hoy la vida se ha empeñado en mostrarse como se muestra la vida… pero un día estuve aquí y la tuve entre mis brazos”.

