Hoy me han hecho en la escuela una pregunta extraña. ¿Para qué sirve un árbol?… Yo creo que hay cosas olvidadas por los corazones de los adultos. Cosas que sólo existen en la lengua de los niños y en los ojos de los animales. ¿Qué clase de pregunta es esa?

Todos los niños saben, aunque no saben decirlo, que los árboles son las manos de los que se fueron, y sirven para que el mundo se pueda agarrar al cielo.

Yo, a veces, me tumbo al abrigo de tu sombra, en el jardín, y miro al cielo desde abajo para ver como atrapas una nube.

Aquel pino, negro y viejo es la mano arrugada de un abuelo, y ese roble es la mano fuerte de un minero. El sauce es la mano de un poeta… y el almendro la de una princesa… y marzo la besa. Y tú, como todos los chopos, la mano tatuada de un marino.

Y ahora… escucha. Los árboles acercan los dedos a los labios del viento… piden silencio.